¿Vivimos en una Realidad Virtual?

¿Vivimos en una realidad virtual?

Antes de plantearnos la respuesta a esta pregunta, debemos entender dos conceptos básicos:

¿Qué es la IA?

La Inteligencia Artificial es la desarrollada por una máquina, frente a la inteligencia producida por seres humanos y animales. Este significa que los seres humanos creamos esas máquinas y las tecnologías sobre las que, de manera autónoma o semiautónoma, darán lugar a esa Inteligencia Artificial.

¿Qué es el Machine Learning?

Es una rama de la Inteligencia Artificial, sin duda la más inquietante, y va un paso más allá.

El Machine learning ya no se ocupa sólo de sistemas que imiten o emulen el pensamiento humano, y se comporten en consecuencia, sino se ocupa de sistemas que aprendan por sí mismos.

 

¿De quién aprenderán los robots, las máquinas?

El progreso de la Inteligencia Artificial se ha acelerado en los últimos años, como cita Stuart Russel en un artículo sobre los beneficios probables de la IA, gracias a los avances en Machine learning, que han impulsado el reconocimiento del lenguaje natural o la conducción autónoma.

Entonces, ¿de quién están aprendiendo? De nosotros, de sus programadores. Y distintos científicos y matemáticos, como ya hizo Isaac Asimov con sus leyes de la robótica (la Ciencia Ficción, una vez más adelantándose a su tiempo), plantean normas y reglas para implementar en los sistemas de IA, que deberán seguir para evitar ser perjudiciales o ponerse en contra de los seres humanos.

¿Qué puede llegar a hacer la Inteligencia Artificial?

Sin embargo, desde Stephen Hawking o Musk, hasta el propio Stuart Russel, se han expresado a favor de ser cautos en la creación de inteligencias superiores a la nuestra.

¿Por qué, si podemos incluir reglas en la Inteligencia Artificial y el Machine Learning, debemos ser precavidos? Porque según se parezcan a nosotros, irán adquiriendo cualidades humanas que puedan ser nocivas para nosotros, como la ira, el deseo, la rabia, el odio. Y lo harán tanto como el amor, la compasión o la empatía.

¿Cómo puede una máquina aprender a odiar?

La próxima generación de cazas de combate contarán con un enjambre de drones de batalla, que lo acompañarán en sus vuelos.

Por la propia complejidad de esa cantidad de dispositivos, tendrán que guiarse por la IA, en los entornos de guerra futura.

Esos drones tendrán que seguir una serie de reglas de combate. Deberán tomar la decisión de si abatir un avión que se acerca, decidir si está viendo un avión de pasajeros o un caza enemigo, decidir si su destrucción sobre una ciudad puede causar bajas civiles, decidir si esas bajas civiles las trata igual o no, siendo aliados o población civil enemiga. Son sólo unos ejemplos. 

Será imposible programar todas las variables a las que tendrá que enfrentarse en un conflicto.

Luego, la única manera es dotar a la máquina de ciertos componentes de la ética y condición humana. Al principio, de manera más rudimentaria, después, con sistemas perfeccionados y más sofisticados.

¿Cuál será el siguiente paso en la Inteligencia Artificial, con el Machine Learning?

Si hemos demostrado que la programación de propiedades complejas, como las emociones, será necesaria, más aún será que esos drones de combate sean capaces de aprender por si mismos. De otro modo, no se podrán adaptar a los entornos cambiantes de un campo de batalla.

Y esto es sólo un ejemplo en el campo militar. Lo mismo sucederá en la protección contra incendios, la ciencia de la salud o la prevención de catástrofes.

¿Qué tiene que ver eso, con una realidad virtual?

Científicos de la Universidad de Pittsburg han creado ya una sinapsis artificial, mediante grafeno, que trata de imitar las tareas cognitivas de un cerebro humano.

No obstante, para replicar un cerebro humano, tendrán que llegar primero a comprender el funcionamiento del cerebro. Esa es una tarea difícil, aún. Pero sí que, aplicando reglas evolutivas, podrán las máquinas progresar en otra dirección, distinta al desarrollo biológico de un cerebro.

Una máquina así, podrá evolucionar por sí misma, desarrollarse en un mundo virtual, primero, y luego físico.

Para ello, crearía entornos de simulación estadística, para elegir, para ayudarse a sí misma la máquina en su proceso de toma de decisiones. Las redes neuronales complejas, que con el tiempo darían lugar a entornos propios con identidades simultaneas.

¿Por qué esta conclusión implica que podamos vivir en una realidad virtual?

Una máquina, para tomar una decisión, podría crear un entorno virtual donde existieran diferentes seres por él creados.

Por ejemplo, una máquina quiere decidir si, al encontrarse con otra persona, debe saludarlo o darle un puñetazo.

Para ello, tendría que crear dos seres independientes, dentro de su mundo virtual. Uno, la simulación de sí misma, otra, la simulación de otra persona. Esa otra persona, tendrá que poder pensar por sí misma, para poder interactuar de forma autónoma, que refleje cualquier comportamiento posible.

¿Cuál será el próximo paso de esa máquina?

Sencillo, crear todo un Universo Virtual. Sólo en un gran Universo, que evolucione en el tiempo y el espacio, podrá la máquina predecir el comportamiento de ese otro individuo, porque estará influenciado por su entorno, por todo lo que le rodea, como en un Universo real.

Pero si crea todo ese entorno, le tendrá que dotar de Inteligencia. Ese mundo virtual se desarrollaría hasta que las entidades que construyera dentro de él, tuvieran conciencia de existir. Y todas esas entidades que hubiera creado, interactuarían en esa realidad paralela, dentro del marco de las reglas que la máquina haya creado.

¿Se parece demasiado a Matrix?

Sin duda. Pero es una idea mucho más antigua que la película Matrix. La idea de un Zoo humano (donde seríamos observados por inteligencias extraterrestres, recluidos en el zoo terráqueo), o incluso de que vivimos en un Universo Virtual como planteo aquí, surgió mucho antes, y ha sido abordado, ya no por la sólo por la Ciencia Ficción, sino por científicos, como el Radio Astrónomo del MIT, John A. Ball, que ya lo propuso en 1973.