¿QUIÉN ES EL GUARDIÁN DEL CEMENTERIO?

¿Cuál es la posesión más preciada para cualquiera de nosotros?

Nuestra alma inmortal, si crees en la vida después de la muerte. Si existe un espíritu que abandona nuestro cuerpo, todo lo demás, lo material, las posesiones -riquezas, poder, propiedades-, se esfuman el día que nos entierran

Sin embargo, protegemos lo que poseemos en vida con cerrojos, alarmas, perros guardianes y toda suerte de artefactos que nos den seguridad.

Pero nuestros antepasados, desde las edades más tempranas de ser humano, comprendieron que debían dar protección a aquello que los perduraría después de morir.

¿De qué querían proteger su alma?

Del mayor peligro para nuestra inmortalidad… El Diablo. El Diablo, por supuesto, y también sus secuaces. Todos aquellos seres malignos que pueden conjurarse para arrancar de la tierra excavada al recién muerto.

El terror a las brujas y hechiceros, a alquimistas y merodeadores, inquietaba a los habitantes de Europa, desde la edad Media, pero llegando incluso a principios del siglo XX, cuando aún coleaba la época espiritista.

También de los ladrones de tumbas. Si bien muchas veces a estos malhechores, tanto saqueadores como vándalos, se los intenta disuadir con medidas físicas (desde la ocultación de las enterramientos, como en ocasiones hacían los Egipcios, hasta la vigilancia con guardianes armados), la creencia en la protección espiritual, realizada por sacerdotes de todas las religiones con ritos más o menos siniestros, ha alimentado su superstición y muchas veces los ha mantenido alejados.

El espectro de un perro, los fantasmas de animales protectores.

El perro ha sido, desde hace más de 10.000 años, el fiel guardián de la casa y del ganado. Y, si lo era en vida, nuestros antepasados pensaron que fácilmente lo podía ser después de muerto.

En muchos lugares de Europa Occidental se sacrificaba a un perro y lo enterraban en el Campo santo. Así su espíritu protegería a partir de ese momento el cementerio de demonios, espíritus malignos, hechiceros, brujas y vampiros.

¿Cuándo se hacía el sacrificio del perro?

Casi siempre a espaldas de la Iglesia Cristiana, o con el consentimiento tácito de sus representantes, cuando se construía un nuevo cementerio, y antes de que se enterrara a la primera persona. Para que ésta contase ya son su protección.

También, como vemos en muchos asentamientos humanos que la arqueología ha desvelado, el muerto gozaba de la compañía del espíritu de su mascota preferida, sacrificada para contara con su protección también en la ultratumba.

El espíritu del perro que avisa de una muerte inminente.

Esta tradición está enlazada con otra, tanto o más inquietante. Algunas de las familias tradicionales inglesas, de más abolengo, sostienen que cuando un miembro de la familia va a fallecer, aparece un perro negro anunciado la muerte a los demás.

De ahí sacó su idea, Arthur Conan Doyle, para su novela de Sherlock Holmes, El perro de los Baskerville (o traducida también como el Sabueso de Baskerville).

Para asustar más, en este folklore tardío, los perros solían ser negros. Ese pelaje les permitía permanecer en las sombras, agazapados, esperando con sus ojos inyectados en sangre.

Enterrados vivos.

En Escandinavia, la costumbre era aún más bestia. Los Kyrkogrim eran canes enterrados vivos, en la fundación de iglesias y sus cementerios aledaños.

Aunque, todo lo anterior no es más que un preámbulo para contaros lo más espeluznante…

El sacrificio humano, como rito mortuorio.

Para que el alma del difunto pudiera llegar al mundo de los muertos, se han hecho sacrificios humanos a lo largo de gran parte de la historia de la humanidad.

Como ocurrió en otro muchos ritos, en los funerarios también terminó la superstición imponiendo los sacrificios, tanto de bestias como de humanos. Los griegos, en épocas de gran aflicción, y los romanos, realizaron sacrificios de personas. Se han encontrado enterramientos con evidencia de sacrificios prácticamente en todos los continentes, con la creencia de que se agradaba a los Dioses. 

También se quería proteger a los vivos, no sólo a los muertos, cuando el sacrificio tenía la forma de ejecución de criminales. Si quieres saber más, te interesará ver el artículo sobre cómo se protegían de los fantasmas de los ejecutados, dentro de la sección de Fantasmas y Paranormal

El sacrificio de la sangre.

Al contrario de lo que pudiera parecer, lo esencial, desde China o la India, hasta Europa occidental o Mesoamérica, lo importante no era quitar la vida. Eso sólo era una consecuencia. La esencia que quedaba en manos de la orden sacerdotal, era extraer la sangre y ofrecer su esencia en sacrificio.

Así lo sostiene el autor alemán, Bähr, en su obra “Symbolik des mosaischen Kultus” (Simbolismo de las Culturas Mosaicas), editado en 1837 por la editorial Heidelberg.

La sangre, para todas las civilizaciones antiguas, representaba el alma, que como ella, se escapaba del cuerpo al morir.